Una de la imágenes que nos puede venir a la mente cuando pensamos en nuestra relación con la voz, es ese grito expansivo, lleno de gran aliento, de un bebe recién nacido, manifestando su derecho a estar vivo y expresando un sinfín de emociones y sensaciones por el cambio que experimenta al pasar del cobijo materno al frío exterior.

 

“… Aquel que conoce el secreto del sonido, conoce el misterio de todo el Universo…”
HAZKAT INAYAT KHAN

Tu Voz.

Nuestro sonido es único y se manifiesta no solo gracias al órgano fonador, la laringe, sino que  además, involucra cerca de 300 músculos al momento de su emisión. Al pasar el aire responsable de hacer vibrar nuestras cuerdas vocales, se produce una onda de frecuencia sonora, que circula por los espacios de nuestro cuerpo (que funcionan como caja de resonancia presente en nuestro cráneo y pómulos), que, modulada por nuestra boca y labios, genera la producción de la palabra y hace nuestra voz audible y posible de entenderse.

La vibración que genera nuestra voz conecta con todas las proporciones presentes en nuestro ser. Terapias corporales tales como: la anti gimnasia, terapia de polaridad, bioenergética (entre otras), muestran la relación de nuestra voz y toda su anatomía, con la funcionalidad de nuestra cadera, sacro y eje del cuerpo, por ejemplo; así como también una mayor relajación y elasticidad de los músculos al dejar salir libremente la voz abriendo la garganta.

uuuuu…ooooo…aaaaa…eeeee…iiiii

Por otro lado, la Psicofonía propuesta por las investigaciones de María Louise Aucher en el año 1960, muestra como al cantar determinadas vocales y consonantes hacen vibrar diferentes partes del cuerpo. Por ejemplo, la U produce una especial vibración en el parte inferior del cuerpo, conectando con la parte más física.

Dentro del trabajo con el canto y la voz, aparte de todo su beneficio vibratorio, es de resaltar su papel de conexión con la vida, como puente entre nuestro mundo interior y exterior. Nuestro sonido, al ser utilizado para comunicarnos, además de supervivencia, nos genera vinculación y sentido de existencia.

A través de la voz podemos ser escuchados y escuchar, ser comprendidos y comprender y sobre todo, ser acogidos ó acoger, generando la posibilidad de relación y buena existencia.

El que canta su mal espanta…

No es una expresión casual. Como dice Don Quijote, invitándonos a enfrentar las adversidades con buen humor, ó la canción de Amancio Prada “El Cantar tiene sentido, entendimiento y razón”.

Al igual que desde tiempos ancestrales el canto ha sido utilizado para sanar, como es el caso de los chamanes ó líderes espirituales de algunas tribus y grupos indígenas.

Así como en la cultura Tibetana Bön, desde hace casi diecisiete mil años que incorporan dentro de su conexión con la conciencia superior sistemas sonoros y canticos que resuenan en los campos de energía sutil de nuestro cuerpo.

También debemos citar a Farineli, contratenor del siglo XVIII, quien fue llamado por la Reina Isabel, aconsejada por el médico del corte para que con su canto aliviara la melancolía de Felipe V.

En otros casos, el canto acompaña la celebración de los cambios de la naturaleza, nacimiento de un nuevo ser ó la pérdida de alguien de la tribu, tal es el caso de los masai ó los yoruba en África.

Y en el origen de la especie del hombre, la antropología nos muestra como la voz fue un instrumento para la supervivencia de la especie, mimetizándose con los sonidos de la naturaleza. Además, podía generar un rango en el grupo, hecho que nos recuerda en un tiempo no tan lejano, en época de la segunda guerra mundial ó en nuestra guerra civil española, muchos superviviente cuentan que gracias al arte del canto lograron salvar su vida.